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viernes, 24 de febrero de 2012

La Época de los Padres sin Derechos

Nunca ha habido una época más confusa para criar niños como esta. Hay mil teorías diferentes acerca de lo que se debe y no se debe hacer con los hijos. Muchas personas no sólo opinan a diestra y siniestra sobre los hijos ajenos, sino que además se creen con derecho a criticar y a juzgar los métodos de crianza de los padres, como si todos los niños fueran seres completamente idénticos, con hogares, antecedentes culturales y familiares iguales.
Antes los padres criaban a sus hijos como bien les parecía y punto. Nada de centenares de familiares, amigos, desconocidos, psicólogos, médicos alternativos, ‘talk-shows’, ‘realities’, páginas de internet, libros infantiles (escritos por estrellas de Hollywood que acaban de salir de rehabilitación) y demás, quienes intrusan  un terreno absolutamente privado  y le quitan autoridad a las únicas personas y dolientes a las que les compete este asunto.
Acaso la visita que vino a la casa por sólo dos horas, en las cuales no paró de criticar a los padres, ¿se levantará a media noche a atender al niño cuando tenga fiebre?, o ¿se ofrecerá a cuidar al terremotico de mirada celestial para que los exhaustos padres puedan, aunque sea, dormir una siesta? Acaso la desconocida que pobretea al niño en el parque, cuando la mamá le habló con firmeza, vive con él?, --“pobreciiiitooo, no lo regañe, lo va a traumatizar!!!! --No, por supuesto que no, además es más fácil emitir juicios cuando ya se ha superado esta etapa de la vida;  luego, los otrora padres, sufren una suerte de amnesia, o como dice el refrán popular 'al cura se le olvida cuando fue sacristán' ( si le preguntan a los hijos de la señora si ella alguna vez los regañó, las respuestas seguramente la dejarán callada).
Desde el mismo momento en que una pareja anuncia que espera un hijo, empieza un desfile de consejos no pedidos y teorías; desde la ultracientífica hasta la más disparatada:  “cúbrase bien el ombligo con otra camiseta!!! No ve que se le entra el frío al niño y nace con problemas en los pulmones?????”.  Por supuesto todas estas teorías se contradicen entre sí, pero cada persona que la emite se cree poseedor de la verdad última y revelada y encima se ofende si los pobres padres expectantes --y aturdidos-- no siguieron el 'consejo'.
Si las contribuciones económicas para el retoño y de ayuda física para los padres fuera proporcional con todo lo que hablan, ningún padre estaría corto de dinero y siempre tendrían un tiempo de descanso. Por supuesto, aunque hay casos excepcionales, esto casi no ocurre y aquí no para.
Cuando nace el niño cae una horda de críticas acerca del sueño del niño: terrible si lo dejan llorar, que padres tan malvados!!! Pero si lo atienden en seguida lo están malcriando. Y claro, no falta la clásica: 'yo como no tuve ese problema, todos mis ocho hijos dormían tooooda la noche, desde que nacieron dormían desde las 7 de la noche hasta las 7 de la mañana'.
Luego sigue el tema de la comida: “¿por qué esperar a que cumpla un año para darle huevo? ¡Esos pediatras jóvenes no saben nada! En mi época ya comían bandeja paisa a los tres meses de nacido y eso naaaada les pasaba....Límpiele las encías con un panal untado de orines, ¡les nacen unos dientes divinos!” Cuando el niño empieza a hablar, no se esperan los comentarios: “llévelo donde una terapeuta del lenguaje, cuando mis hijos tenían la edad del suyo, ellos ya sostenían una conversación completa”.
Para los que somos modelos de la década de los 70, y hacia atrás, recordamos una niñez en la que jugábamos todo el día con los primos en nuestras casas, en las calles, subíamos arboles, jugábamos a la lleva, a pelota de trapo, nos disfrazábamos para jugar a ser los superhéroes de la liga de la justicia, a Sankukai (traducción: los precursores de los Power Rangers), al Capitán Centella y todas las niñas soñábamos con ser la Mujer Maravilla. Éramos imparables. Y todo estaba bien. Los adultos nos miraban y simplemente decían 'están jugando, mira que bien se llevan los primos, cómo se divierten'.
Los niños simplemente estaban siendo niños. Hoy en día un niño intenta hacer eso y empieza una retahila: “¡qué niño tan hiperactivo! ¿Ya lo llevaste al médico para que lo examinaran?” Y si llega a disfrazar: “pobre chino! Seguro tiene personalidad múltiple y ¡los papás no se han dado cuenta!.. Y se sube a un árbol: “se nota que tiene déficit de atención!”
Porque ahora todas las personas después de leer un artículo en una revista en el salón de belleza ya se creen psicólogos o neuropsiquiatras. Antes un niño se tiraba al piso del supermercado a dar patadas y puños en el piso y eso era algo simple, se llamaba…'pataleta', punto. Sin más complicaciones. Y la solución era más simple. Dele una nalgadita. Y todo muy normal, y el niño suspiraba, se limpiaba los mocos y sabía que no debía volver a hacerlo.
Hoy en día el niño no tiene pataleta, no, ahora el niño es bipolar (pero ¡qué finos nos hemos vuelto!) y de por Dios santo ni se le ocurra darle una nalgada, porque llamamos a bienestar familiar, el pobre muchachito queda traumatizado de por vida y los engendros de padres que osen realizar semejante acción, no están cumpliendo con su deber y derecho paternal --y cristiano-- de disciplinar, sino que son seres de las cavernas (mejor dicho, ¡el hombre de Cro-magnon!)
Por supuesto que sí hay  niños que padecen de hiperactividad, o déficit de atención, entre otros, ni más faltaba. Pero esos diagnósticos se les deja a las personas que sí saben del asunto y que no en vano se quemaron las pestañas cinco años y más en una universidad; en lugar de soltar semejantes afirmaciones irresponsables que lo único que hacen es rotular a un niño y ahí sí se le puede producir un daño emocional e incluso provoca caos en la vida de los padres.
¿A qué horas se complicó tanto la tarea de ser padres? ¿En qué momento de la vida se le quitó el derecho y la libertad a los padres de criar a sus hijos de acuerdo con sus convicciones, y esto implica el respeto por las decisiones que los padres toman en cada etapa de la vida de sus hijos: desde cómo dormirlos, hasta qué darles de comer (y cómo darles de comer), hasta dónde estudiar, qué creencias religiosas seguir, cómo disciplinarlos, entre otros. Es cierto que a los hijos hay que protegerlos, amarlos, educarlos, corregirlos, pero también es cierto que los llamados a decidir y actuar en esa tarea son los padres, no los vecinos, desconocidos, familiares y ni siquiera los amigos. Siempre se dice que los hijos no vienen con un manual de instrucciones para los papás. Y esto es tan cierto, que lo que funciona para un niño, con otro sencillamente no. Porque son seres totalmente diferentes.
Si bien es cierto que la modernidad  ha traído más comodidad a nuestras vidas, también es cierto que se añoran los tiempos en los que los niños podían jugar con los amigos de la cuadra, porque en esa época los niños tenían amigos de verdad, no compañeros de juego casuales de un parque y por tanto los papas no se veían obligados a convertirse en un amiguito más de su hijo para que él pudiera jugar.
 Una época en la que los niños podían ser niños, sin caer en la trampa de tener que actuar como adultos so pena de ser catalogados como ´niños problema’. Una época en la que los papas podían ser papás, y no caían en la trampa de no disciplinar para caerle bien a los hijos, como si se tratara de un concurso de simpatía
Una época en la que no se trataba de buscar una explicación para todo y simplemente se disfrutaba más.

domingo, 13 de noviembre de 2011

‘Mamá, ¿qué es Dios?????’

Quedé helada. No esperaba que a sus cuatro años mi hijo me hiciera una pregunta aparentemente sencilla y al mismo tiempo tan profunda. Todavía hay muchos adultos, que pese a haber recibido instrucción religiosa, o atender con regularidad una iglesia (ya sea católica o protestante) se hacen la misma pregunta. De hecho, aún no sé sí respondí con exactitud a la interrogante de mi hijo.
En todo caso, quienes conocen a mi pequeño Alejandro, saben que él no se conforma con cualquier respuesta: ´Papito Dios es el creador de todas las personas y de todo lo que ves, El te creó a ti´, le dije. Y él, con cara de confundido, me respondió (para mayor sorpresa mía): ´No mamá, papito Dios no me creó, ¡¡papá y tú me crearon!!! Y encima agregó: ‘¿Y quien es el papá de Papito Dios??? Cuando le expliqué que Papito Dios no tenía papá porque El era el papá de todos los papás y mamás y creador de todo lo que existe en nuestro mundo, me miraba y negaba con su cabeza.
Como si esto no fuera suficiente, añadió la pregunta que muchos escépticos se hacen todo el tiempo, sólo que para un niño no es producto de la incredulidad sino de su natural curiosidad y su interpretación literal del universo: ´¿Por qué no puedo ver a Dios??? Tú siempre me dices que Dios está en todas partes pero yo no lo veo, ¿cuándo lo voy a ver??? ‘.
Aunque sigue sin comprender la imposibilidad física de ver a Dios en esta vida ni porqué tiene que esperar a ir al cielo para hacer realidad este sueño; mi niño cree en Dios, sabe que lo protege y que debe agradecerle por todo y en todo momento (aquí también hubo un percance estilo Bart Simpson: ‘pero ¿por qué le agradeces a Dios por la comida si la compraste tú, no Dios????’).
De otro lado, es un poco chocante, a mi parecer, que a sus cuatro años ya sepa de la muerte, que los seres humanos no vivimos para siempre y que cuando eso ocurra iremos al cielo. Pero me enternece comprobar que conserva su ingenuidad e incluso le añade un toque de creatividad al concepto del cielo: mi hijo piensa que hay un cielo en Bogotá para quienes mueren allí, otro en Montería, para que los fallecen allá, pero además también cree que Martín, el perro que habitaba en la casa de la abuela materna y que murió infelizmente en la finca, está descansando en el cielo para perros, porque no hubo forma de convencerlo de que las mascotas no tenían un cielo, porque encima ahora él piensa que eso es un asunto de géneros: el cielo para los gatos, el cielo para los caballos y así sucesivamente. En este punto entrar a hablar del alma era ya demasiado. Pero justo cuando llegué pensar que yo era la única madre en el mundo que debía sobrevivir a estas repelencias intelectuales de su retoño, me topo con una mejor en el servicio dominical de hoy en la iglesia: cuando el pastor le explicaba a un grupo de niños que Jesús murió y que al tercer día resucitó, una niña con un estupor genuino preguntó: ¿Por qué???? ¿Acaso era un zombie????? La carcajada general resonó en el templo. Así son los niños.

jueves, 25 de agosto de 2011

¿Qué es ser un ‘alien’ en los Estados Unidos?

Es oficial: soy un alien en los Estados Unidos de América, en Texas, para ser más exactos. No uno de aquellos que combatía Sigourney Weaver en la legendaria saga que protagoniza, sino uno absolutamente terrenal, pero bicho raro al fin y al cabo, y lo que es más, en peligro de extinción. Recibo miradas que me escudriñan como esperando una explicación; pero no doy ninguna. Puedo sentir la perplejidad en sus ojos, incluso pesar en algunos… Así que cuando Sting cantaba ‘I am an Englishman in New York’ (soy un inglés en Nueva York) en el cual relataba lo extraño que se sentía al ser un británico implantado en las calles de la gran manzana puedo entender a qué se refería.
Sí, soy un ser extraño en la tierra del tío Sam y la razón es simple: yo camino. Camino para ir al supermercado. Camino alrededor del barrio. Camino hasta el gimnasio. Camino hasta la biblioteca. Sí, caminar, que cosa tan extraña aquí. Ver caminar a alguien –no por propósitos deportivos- sino simplemente para llegar a algún destino que para nosotros los colombianos es razonablemente cercano, es una rareza en estas tierras. Acaso poso de refugiada, como si proviniera de algún país de nombre impronunciable o de difícil localización en el mapamundi, privada de toda condición económica o peor, de la razón.
Excéntrico no es ver a un señor de 65 años con tatuajes en cada centímetro del cuerpo al mando de una Harley Davidson con su blonda mujer en chaleco de cuero de copiloto. Excéntrico no es ordenar en un restaurante una limonada ‘natural’ de tamaño small para luego recibir una bebida artificial de proporciones absurdas, que no parece estar contenida en un vaso sino en un balde. Excéntrico no es ver a toda una familia que exhibe con alegría su sobrepeso alarmante por el mall, al punto de incapacitar a uno de sus miembros para ponerse de pie y obligarlo a trasladarse en una silla de ruedas.
No. Excéntrico es caminar. Excéntrico es no conducir un carro. No hablo de no ir al volante, sino de no saber manejar uno. Y en esta categoría entro yo. La más extraña de todas: alguien que no sabe manejar y encima osa caminar hasta su destino deseado.
La palabra anglosajona ‘alien’ significa literalmente extranjero. Pues bien, los aliens aquí no necesariamente somos los que no nacimos siendo yanqui doodles; sino estos especímenes singulares en vía de extinción que gustamos de desplazarnos a pie para disfrutar de las maravillas de la naturaleza, que nos parece un descaro tomar el carro para ir a dos cuadras de la casa si el clima es benévolo, y que además contamos con orgullo que en nuestro país hay un día sin carro (o: are you serious???? Y que los domingos hasta las 2 pm se cierran muchas calles para que la gente haga uso de las mismas para practicar un deporte (what??????).
Efectivamente, los latinos somos exóticos en la nación de Obama. En un país donde un muchachito de 16 años, después de trabajar un verano, pueda comprarse un carro (no último modelo ni el más elegante por supuesto, pero carro al fin y al cabo) suena traído de los cabellos la escena típica de alguien que se mata muchos años trabajando para finalmente comprar un usado, lo cual se celebra con lágrimas de felicidad (‘mijito, está progresando!!!’) y hasta inspira una película (véase ‘El carro’ de Dago García).
Pienso entonces en los deslumbrantes Champs Elysées de París o en la cautivante avenida Paseo de Gracia en Barcelona. ¿Qué sería de estas avenidas si no pudiera caminarse en ellas? ¿Cómo apreciar la belleza de las obras arquitectónicas de un Gaudí o Lluís Domenech i Montaner? Si únicamente transitaran carros a 60 km por hora y no hubiera peatones, ¿seguiría siendo París la ciudad del romance?
Me sentí identificada cuando Sheldon, el nerd impotable The Big Bang theory, dijo en un episodio algo que yo había comentado a un amigo en alguna oportunidad: “Conducir es un trabajo inferior y mi mente está para cosas más importantes”. Por supuesto no creo en ello, y sé que tratar de justificar mi falencia en un parlamento de un personaje ficticio es un consuelo tonto. Pero por un instante fui feliz.

miércoles, 17 de agosto de 2011

En la búsqueda de una adición a la familia

Desde que perdí a mi mascota cuando tenía 12 años, lo que supuso una enorme tristeza, jamás pensé en volver a tener una: mi pseudo-cocker spaniel (era una mezcla de Spaniel sabrá Dios con qué más) no podría ser reemplazado por cualquier otro perro. Sin embargo, al ver a mi hijo de 4 años saltar de entusiasmo y enternecerse cada vez que ve a un canino, estoy considerando la posibilidad de añadir un integrante a la familia.

La primera vez que tuve mi mascota no la escogí, sino que llegó a nuestra casa como un regalo, así que jamás tuve que preocuparme por aprender de razas, cuidados ni nada por el estilo. Ahora, por el contrario, como soy completa neófita en la materia, me lancé a una profunda búsqueda por internet y me he encontrado con la sorpresa de innumerables reseñas para cada tipo de perro, descripciones sobre temperamentos (no se me había ocurrido que cada raza tuviera su carácter distintivo)que al leerlas más bien parecía que estuviera leyendo el perfil de un personaje importante en una revista; e incluso descripciones sobre enfermedades típicas inherentes a cada raza, como si de un humano se tratara (no tenía idea de que un perro pudiera padecer de hipotiroidismo).

He descubierto tanto en tan poco tiempo, que ahora no puedo entender cómo hace muchos años uno recibiera un perro en casa, así sin más, sin mayores preocupaciones.
Pero supongo que eso es lo que ocurre en estos tiempos modernos donde las mascotas ya tienen más privilegios que la gente: tienen EPS, asisten a clases de obediencia (a veces me pregunto si también funcionarán con los niños, quisiera meter a mi hijo en uno de estos cursos), guarderías y hasta ¡hoteles! Cuando yo era niña, esto no estaba en el panorama, ¡ni de lejos! No sólo esto no trasnochaba a nadie sino que los pobres animales tenían nombres tan infaustos e históricos como Nerón, Rocky (sí también entra dentro de la categoría de ‘histórico’) o en el caso de mi perro…‘Trosky’ (ni siquiera Trotsky, con la t intermedia).

Hoy en cambio, nos resignamos a escuchar en el parque cómo los dueños llaman a viva voz en el parque a sus mascotas con nombres de personas como ‘Lucas, Mateo, Matías…’, y por un momento no se sabe quién va a responder al llamado de estos nombres, si un niño o un perro, o…a veces los dos.

En un época donde los humanos llegan a ser más generosos con una mascota que con un niño (me causan escozor las fotos de Paris Hilton cargando a su mascota en bolsos de Louis Vuitton..Bueno, en realidad todas las fotos de Paris Hilton me producen este efecto), también fue sorpresivo encontrar en mi búsqueda por la red ofertas de adopción de mascotas abandonadas por sus dueños (insisto soy nueva en el tema). Así que últimamente me estoy inclinando por buscar en los refugios de animales; acaso haya algún cachorro que al igual que muchos niños, esté esperando por alguien que les dé el amor y protección que merece todo ser vivo.