Quedé helada. No esperaba que a sus cuatro años mi hijo me hiciera una pregunta aparentemente sencilla y al mismo tiempo tan profunda. Todavía hay muchos adultos, que pese a haber recibido instrucción religiosa, o atender con regularidad una iglesia (ya sea católica o protestante) se hacen la misma pregunta. De hecho, aún no sé sí respondí con exactitud a la interrogante de mi hijo.
En todo caso, quienes conocen a mi pequeño Alejandro, saben que él no se conforma con cualquier respuesta: ´Papito Dios es el creador de todas las personas y de todo lo que ves, El te creó a ti´, le dije. Y él, con cara de confundido, me respondió (para mayor sorpresa mía): ´No mamá, papito Dios no me creó, ¡¡papá y tú me crearon!!! Y encima agregó: ‘¿Y quien es el papá de Papito Dios??? Cuando le expliqué que Papito Dios no tenía papá porque El era el papá de todos los papás y mamás y creador de todo lo que existe en nuestro mundo, me miraba y negaba con su cabeza.
Como si esto no fuera suficiente, añadió la pregunta que muchos escépticos se hacen todo el tiempo, sólo que para un niño no es producto de la incredulidad sino de su natural curiosidad y su interpretación literal del universo: ´¿Por qué no puedo ver a Dios??? Tú siempre me dices que Dios está en todas partes pero yo no lo veo, ¿cuándo lo voy a ver??? ‘.
Aunque sigue sin comprender la imposibilidad física de ver a Dios en esta vida ni porqué tiene que esperar a ir al cielo para hacer realidad este sueño; mi niño cree en Dios, sabe que lo protege y que debe agradecerle por todo y en todo momento (aquí también hubo un percance estilo Bart Simpson: ‘pero ¿por qué le agradeces a Dios por la comida si la compraste tú, no Dios????’).
De otro lado, es un poco chocante, a mi parecer, que a sus cuatro años ya sepa de la muerte, que los seres humanos no vivimos para siempre y que cuando eso ocurra iremos al cielo. Pero me enternece comprobar que conserva su ingenuidad e incluso le añade un toque de creatividad al concepto del cielo: mi hijo piensa que hay un cielo en Bogotá para quienes mueren allí, otro en Montería, para que los fallecen allá, pero además también cree que Martín, el perro que habitaba en la casa de la abuela materna y que murió infelizmente en la finca, está descansando en el cielo para perros, porque no hubo forma de convencerlo de que las mascotas no tenían un cielo, porque encima ahora él piensa que eso es un asunto de géneros: el cielo para los gatos, el cielo para los caballos y así sucesivamente. En este punto entrar a hablar del alma era ya demasiado. Pero justo cuando llegué pensar que yo era la única madre en el mundo que debía sobrevivir a estas repelencias intelectuales de su retoño, me topo con una mejor en el servicio dominical de hoy en la iglesia: cuando el pastor le explicaba a un grupo de niños que Jesús murió y que al tercer día resucitó, una niña con un estupor genuino preguntó: ¿Por qué???? ¿Acaso era un zombie????? La carcajada general resonó en el templo. Así son los niños.
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Hija estoy orgullosa de ti, leí todos tus publicaciones literarias, recuerda que tienes sangre de poeta, tu papá era primo del poeta Antioqueño Aurelio Peláez Cardona que por cierto murió muy joven, ademas tu papa escribía versos, sino recuerda el que le hizo a la Muñe y a Prince en un álbum de fotografías, todavía los conservo, sigue así hija que vas por buen camino que yo se que vas a ser ganadora de una gran premio, te quiero mucho y recuerda que siempre te estaré apoyando, recibe con gran amor un beso y un abrazo de tu madre Magola Gómez Pérez.
ResponderEliminarPD: Que el señor te bendiga y te siga dando sabiduría te quiero mucho hija