Nunca ha habido una época más confusa para criar niños como esta. Hay mil teorías diferentes acerca de lo que se debe y no se debe hacer con los hijos. Muchas personas no sólo opinan a diestra y siniestra sobre los hijos ajenos, sino que además se creen con derecho a criticar y a juzgar los métodos de crianza de los padres, como si todos los niños fueran seres completamente idénticos, con hogares, antecedentes culturales y familiares iguales.
Antes los padres criaban a sus hijos como bien les parecía y punto. Nada de centenares de familiares, amigos, desconocidos, psicólogos, médicos alternativos, ‘talk-shows’, ‘realities’, páginas de internet, libros infantiles (escritos por estrellas de Hollywood que acaban de salir de rehabilitación) y demás, quienes intrusan un terreno absolutamente privado y le quitan autoridad a las únicas personas y dolientes a las que les compete este asunto.
Acaso la visita que vino a la casa por sólo dos horas, en las cuales no paró de criticar a los padres, ¿se levantará a media noche a atender al niño cuando tenga fiebre?, o ¿se ofrecerá a cuidar al terremotico de mirada celestial para que los exhaustos padres puedan, aunque sea, dormir una siesta? Acaso la desconocida que pobretea al niño en el parque, cuando la mamá le habló con firmeza, vive con él?, --“pobreciiiitooo, no lo regañe, lo va a traumatizar!!!! --No, por supuesto que no, además es más fácil emitir juicios cuando ya se ha superado esta etapa de la vida; luego, los otrora padres, sufren una suerte de amnesia, o como dice el refrán popular 'al cura se le olvida cuando fue sacristán' ( si le preguntan a los hijos de la señora si ella alguna vez los regañó, las respuestas seguramente la dejarán callada).
Desde el mismo momento en que una pareja anuncia que espera un hijo, empieza un desfile de consejos no pedidos y teorías; desde la ultracientífica hasta la más disparatada: “cúbrase bien el ombligo con otra camiseta!!! No ve que se le entra el frío al niño y nace con problemas en los pulmones?????”. Por supuesto todas estas teorías se contradicen entre sí, pero cada persona que la emite se cree poseedor de la verdad última y revelada y encima se ofende si los pobres padres expectantes --y aturdidos-- no siguieron el 'consejo'.
Si las contribuciones económicas para el retoño y de ayuda física para los padres fuera proporcional con todo lo que hablan, ningún padre estaría corto de dinero y siempre tendrían un tiempo de descanso. Por supuesto, aunque hay casos excepcionales, esto casi no ocurre y aquí no para.
Cuando nace el niño cae una horda de críticas acerca del sueño del niño: terrible si lo dejan llorar, que padres tan malvados!!! Pero si lo atienden en seguida lo están malcriando. Y claro, no falta la clásica: 'yo como no tuve ese problema, todos mis ocho hijos dormían tooooda la noche, desde que nacieron dormían desde las 7 de la noche hasta las 7 de la mañana'.
Luego sigue el tema de la comida: “¿por qué esperar a que cumpla un año para darle huevo? ¡Esos pediatras jóvenes no saben nada! En mi época ya comían bandeja paisa a los tres meses de nacido y eso naaaada les pasaba....Límpiele las encías con un panal untado de orines, ¡les nacen unos dientes divinos!” Cuando el niño empieza a hablar, no se esperan los comentarios: “llévelo donde una terapeuta del lenguaje, cuando mis hijos tenían la edad del suyo, ellos ya sostenían una conversación completa”.
Para los que somos modelos de la década de los 70, y hacia atrás, recordamos una niñez en la que jugábamos todo el día con los primos en nuestras casas, en las calles, subíamos arboles, jugábamos a la lleva, a pelota de trapo, nos disfrazábamos para jugar a ser los superhéroes de la liga de la justicia, a Sankukai (traducción: los precursores de los Power Rangers), al Capitán Centella y todas las niñas soñábamos con ser la Mujer Maravilla. Éramos imparables. Y todo estaba bien. Los adultos nos miraban y simplemente decían 'están jugando, mira que bien se llevan los primos, cómo se divierten'.
Los niños simplemente estaban siendo niños. Hoy en día un niño intenta hacer eso y empieza una retahila: “¡qué niño tan hiperactivo! ¿Ya lo llevaste al médico para que lo examinaran?” Y si llega a disfrazar: “pobre chino! Seguro tiene personalidad múltiple y ¡los papás no se han dado cuenta!.. Y se sube a un árbol: “se nota que tiene déficit de atención!”
Porque ahora todas las personas después de leer un artículo en una revista en el salón de belleza ya se creen psicólogos o neuropsiquiatras. Antes un niño se tiraba al piso del supermercado a dar patadas y puños en el piso y eso era algo simple, se llamaba…'pataleta', punto. Sin más complicaciones. Y la solución era más simple. Dele una nalgadita. Y todo muy normal, y el niño suspiraba, se limpiaba los mocos y sabía que no debía volver a hacerlo.
Hoy en día el niño no tiene pataleta, no, ahora el niño es bipolar (pero ¡qué finos nos hemos vuelto!) y de por Dios santo ni se le ocurra darle una nalgada, porque llamamos a bienestar familiar, el pobre muchachito queda traumatizado de por vida y los engendros de padres que osen realizar semejante acción, no están cumpliendo con su deber y derecho paternal --y cristiano-- de disciplinar, sino que son seres de las cavernas (mejor dicho, ¡el hombre de Cro-magnon!)
Por supuesto que sí hay niños que padecen de hiperactividad, o déficit de atención, entre otros, ni más faltaba. Pero esos diagnósticos se les deja a las personas que sí saben del asunto y que no en vano se quemaron las pestañas cinco años y más en una universidad; en lugar de soltar semejantes afirmaciones irresponsables que lo único que hacen es rotular a un niño y ahí sí se le puede producir un daño emocional e incluso provoca caos en la vida de los padres.
¿A qué horas se complicó tanto la tarea de ser padres? ¿En qué momento de la vida se le quitó el derecho y la libertad a los padres de criar a sus hijos de acuerdo con sus convicciones, y esto implica el respeto por las decisiones que los padres toman en cada etapa de la vida de sus hijos: desde cómo dormirlos, hasta qué darles de comer (y cómo darles de comer), hasta dónde estudiar, qué creencias religiosas seguir, cómo disciplinarlos, entre otros. Es cierto que a los hijos hay que protegerlos, amarlos, educarlos, corregirlos, pero también es cierto que los llamados a decidir y actuar en esa tarea son los padres, no los vecinos, desconocidos, familiares y ni siquiera los amigos. Siempre se dice que los hijos no vienen con un manual de instrucciones para los papás. Y esto es tan cierto, que lo que funciona para un niño, con otro sencillamente no. Porque son seres totalmente diferentes.
Si bien es cierto que la modernidad ha traído más comodidad a nuestras vidas, también es cierto que se añoran los tiempos en los que los niños podían jugar con los amigos de la cuadra, porque en esa época los niños tenían amigos de verdad, no compañeros de juego casuales de un parque y por tanto los papas no se veían obligados a convertirse en un amiguito más de su hijo para que él pudiera jugar.
Una época en la que los niños podían ser niños, sin caer en la trampa de tener que actuar como adultos so pena de ser catalogados como ´niños problema’. Una época en la que los papas podían ser papás, y no caían en la trampa de no disciplinar para caerle bien a los hijos, como si se tratara de un concurso de simpatía
Una época en la que no se trataba de buscar una explicación para todo y simplemente se disfrutaba más.
Agreed!! I can tell that somebody pissed you off :P ...cheerios...
ResponderEliminarNot recently, hahah. As a matter of fact, it was something I meant to tell long time ago...
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